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«Perdono a quien quiso matarme»: Luis Carlos Olarte

Desde su recuperación, el exalcalde de Cajibío habló en exclusiva con Proclama del Pacífico. Sobrevivió al ataque del 24 de agosto y hoy pide perdón, garantías para la vida y una política sin violencia.

Cuatro días después de haber estado frente a la posibilidad de morir, Luis Carlos Olarte Sánchez habla de perdón.

No pide venganza. Tampoco utiliza su primera entrevista después del atentado para señalar responsables. Desde el centro asistencial donde continúa su recuperación, el exalcalde de Cajibío convirtió su testimonio en un llamado a defender la vida, reconstruir el tejido social del Cauca y desterrar la violencia de la política.

“Bendiciones para quien lo pensó, para quien lo realizó”, dijo Olarte en entrevista exclusiva con Proclama del Pacífico, al referirse a las personas que intentaron asesinarlo el lunes 24 de agosto de 2026.

Su mensaje fue todavía más lejos: “A quien trató de hacerlo, también lo llevo en mi corazón y solamente pido perdón para poder reconstruir”.

Son palabras pronunciadas después de sobrevivir a un ataque que pudo dejar a una familia sin padre, esposo, hijo y abuelo, y a Cajibío sin uno de sus dirigentes políticos más conocidos.

El ataque que pudo terminar en tragedia

La tarde del lunes 24 de agosto, Olarte se desplazaba por la vía Panamericana, en jurisdicción de Cajibío. Según relató a este medio, había realizado una diligencia y regresaba hacia su vivienda cuando ocurrió el ataque.

Dos hombres se aproximaron y uno de ellos abrió fuego.

Olarte recuerda inicialmente haber sentido el impacto, sin comprender inmediatamente qué estaba ocurriendo. Al reaccionar, observó al atacante y emprendió la huida.

“Yo me bajo y ya me doy cuenta”, relató.

En ese instante ocurrió algo que para el exmandatario tiene una explicación espiritual: el arma de uno de los atacantes presentó una falla cuando aparentemente pretendían continuar la agresión.

Olarte corrió.

Personas que se encontraban en el sector acudieron en su ayuda y una ambulancia que transitaba por el lugar permitió su traslado para recibir atención médica.

“También fueron unos ángeles que me ayudaron a preservar mi vida”, expresó.

El atentado ocurrió sobre el corredor Panamericano entre Popayán y Cali. Informaciones conocidas posteriormente confirmaron que el exalcalde sufrió una herida en el tórax y requirió atención quirúrgica en Popayán.

Las circunstancias, autores y móviles del ataque deberán ser establecidos por las autoridades competentes.

“Yo volví a nacer ese día”

Olarte no habla del 24 de agosto únicamente como el día en que intentaron asesinarlo. Lo describe como el comienzo de una segunda vida.

“Yo volví a nacer ese día”, afirmó.

Desde su recuperación asegura haber tenido tiempo para pensar en su familia, su trayectoria y en la manera como quiere afrontar lo que viene.

La experiencia también lo llevó a cuestionar el individualismo y las posiciones radicales.

“El principal error que debemos cometer todos es el yo”, reflexionó, al explicar que las personas suelen pensar desde expresiones como “yo puedo”, “yo hago” o “yo sí soy”, olvidando la necesidad de reconocer y comprender al otro.

Para Olarte, esa transformación debe trascender su experiencia personal y convertirse en una reflexión colectiva para un departamento golpeado durante décadas por distintas expresiones de violencia.

“No puede seguir este baño de sangre”

El exalcalde sostiene que lo sucedido con él no puede convertirse simplemente en otro episodio que durante algunas horas conmueva a la sociedad y posteriormente sea olvidado.

“Nos pasan cosas todos los días y todos lo volvemos paisaje”, advirtió.

Su reflexión toca una de las heridas más profundas del Cauca: la normalización de la violencia.

Un asesinato, un atentado o una amenaza producen indignación durante algunas horas o días, pero después la cotidianidad continúa mientras nuevos hechos violentos ocupan la agenda pública.

Olarte considera que romper ese ciclo requiere institucionalidad, pero también solidaridad entre las comunidades.

“Hay que reconstruir el tejido social, hay que reconstruir este departamento del Cauca”, manifestó.

Para el dirigente, el departamento posee enormes capacidades humanas y territoriales, pero ninguna posibilidad de desarrollo puede consolidarse mientras la vida continúe amenazada.

“El departamento del Cauca es un departamento con muchas potencialidades, con muchas fortalezas para caminar, pero no puede seguir este baño de sangre”, sostuvo.

Perdón para quienes intentaron matarlo

Uno de los momentos más significativos de la conversación ocurrió cuando Olarte habló directamente de quienes participaron en el ataque.

No los conoce públicamente ni atribuyó responsabilidades.

Su respuesta fue el perdón.

“A quien trató de hacerlo, también lo llevo en mi corazón”, afirmó.

Para el exalcalde, perdonar no significa renunciar al esclarecimiento judicial. Las autoridades deberán investigar quiénes ejecutaron el ataque, cuáles fueron sus motivaciones y si existieron determinadores.

Su planteamiento está dirigido a otro terreno: impedir que el atentado alimente nuevos odios.

“Es desde el perdón, es desde reconocernos como diferentes que podemos comenzar a caminar un camino distinto”, expresó.

Rechaza versiones de un supuesto autoatentado

Olarte también respondió durante la entrevista a versiones que, según dijo, circularon después de lo sucedido y que planteaban la posibilidad de un supuesto autoatentado.

Fue categórico.

“No es ningún autoatentado”, aseguró.

El exmandatario manifestó que su historia clínica y las circunstancias médicas derivadas de la agresión permiten establecer la gravedad de lo ocurrido.

Hasta el momento, las autoridades competentes son las llamadas a determinar judicialmente las circunstancias y motivaciones del ataque. Por ello, cualquier hipótesis diferente deberá sustentarse en los resultados de la investigación y no en especulaciones.

Una trayectoria política ligada a Cajibío

Luis Carlos Olarte Sánchez fue alcalde de Cajibío durante el periodo 2004-2007 y durante años ha mantenido presencia en la actividad política y comunitaria del municipio.

En 2015 volvió a disputar la Alcaldía, esa vez como candidato del movimiento Autoridades Indígenas de Colombia, AICO. Obtuvo 3.845 votos, equivalentes al 30,53 %, y ocupó el segundo lugar en aquella elección.

Su trayectoria explica también la dimensión pública adquirida por el atentado y la preocupación que produjo entre dirigentes y habitantes del municipio.

Durante la entrevista, sin embargo, aclaró que actualmente no se encuentra dentro del grupo de personas que proyectan una candidatura para las próximas elecciones territoriales.

“Los que quieren aspirar son unos valientes”

Haber ejercido como alcalde y haber sobrevivido ahora a un ataque armado llevó a Olarte a reflexionar sobre los riesgos de participar en política en el Cauca.

A quienes contemplan aspirar a cargos de elección popular los calificó como “valientes”.

Pero su mensaje no se limitó a la inseguridad.

También pidió modificar la forma en que se desarrolla la confrontación política.

“Es hora de bajarle al discurso, es hora de bajarle a los improperios, es hora de bajarle a los ataques”, señaló.

Su propuesta es que las diferencias electorales se tramiten mediante ideas, resultados y trabajo con las comunidades.

“No importa que una vereda vote con uno, otra vereda vote con otro, pero que allí llegue la mano de quienes están gestionando y están trabajando”, manifestó.

Es, en esencia, una defensa de la posibilidad de hacer política sin convertir al contradictor en enemigo.

Su familia estuvo cerca de perderlo

Detrás de la dimensión política del atentado existe otra historia: la de una familia que recibió la noticia de que uno de los suyos había sido baleado.

Sus hijos, familiares, hermanos, madre y personas cercanas enfrentaron durante esas horas la incertidumbre sobre su supervivencia.

“Son mis hijos, son la familia de mis hijos, son todos. Son los cuñados, los primos, los tíos, mi mamá, mi hermana, mi hermano”, relató.

El atentado estuvo cerca de arrebatarles un padre, un esposo, un hijo, un hermano y un abuelo.

Olarte reconoce que esa experiencia también le permitió descubrir la dimensión del afecto construido durante años.

“Nunca me había sentido tan querido como ahora”, confesó.

Pide garantías para continuar su vida

Una vez supere su recuperación médica, aparecerá otra preocupación: su seguridad.

Olarte confirmó que espera la activación de los procedimientos institucionales correspondientes para garantizar su protección.

También agradeció el acompañamiento que, según manifestó, ha recibido del gobernador del Cauca y pidió al Gobierno Nacional y a las autoridades competentes avanzar en las medidas necesarias para preservar su vida.

La investigación deberá, paralelamente, determinar quién quiso asesinarlo y por qué.

Ese esclarecimiento resulta fundamental no solamente para Olarte y su familia. También lo es para un departamento donde dirigentes políticos, líderes sociales, servidores públicos y comunidades afrontan riesgos derivados de distintas formas de violencia.

Un mensaje desde una segunda oportunidad

Luis Carlos Olarte pudo no estar contando esta historia.

El ataque del 24 de agosto pudo haber terminado de otra manera. Su familia pudo haber recibido una noticia irreversible y Cajibío podría estar despidiendo hoy a quien fue su alcalde entre 2004 y 2007.

Pero sobrevivió.

Por eso, cuando Proclama del Pacífico le preguntó cómo interpreta lo sucedido, su respuesta fue inequívoca.

“Es una obra de Dios. No tiene otra explicación”.

Ahora dice que quiere utilizar esa segunda oportunidad para continuar trabajando por las comunidades y contribuir, desde el espacio que le corresponda, a un Cauca diferente.

No sabe todavía quién ordenó o ejecutó el ataque. Esa respuesta corresponde encontrarla a los investigadores.

Él, mientras tanto, ya decidió cuál será su respuesta personal frente a quienes quisieron quitarle la vida: perdonarlos.

“Este es un encuentro con la vida, este es un encuentro con el amor, este es un encuentro con la solidaridad”, concluyó.

Desde una habitación donde todavía se recupera de las heridas, el exalcalde de Cajibío dejó así un mensaje que trasciende su propia supervivencia: en el Cauca las diferencias políticas no pueden seguir resolviéndose con armas y ninguna idea, candidatura, interés económico o disputa territorial puede estar por encima de la vida.

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